06Sep
2017
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Más muestras de la genialidad de Mozart

En los estudios, al pequeño Mozart, no había que pedirle que se aplicara sino que dejara de hacerlo. Era tal su amor a los libros que a ciertas personas llegó a preocuparles verle tan serio estudiando horas y horas sin nada que lograra distraerle.

En una carta que el trompetista Andreas Schachtner escribió a Nannerl, hermana de Wolfang, un año después de la muerte del genial compositor, podemos leer la siguiente historia:

Un día que volvimos tu padre y yo a vuestra casa tras el oficio del jueves, encontramos al pequeño Wolfgang, que debía de tener 4 años, muy entretenido escribiendo algo.

-¿Qué haces? -preguntó tu padre.

-Estoy componiendo un concierto para clave -respondió el niño, muy serio.

-A ver, déjame que eche un vistazo -pidió Leopold.

-Pero es que todavía no lo he acabado -protestó Wolfgang.

-Bueno,es igual, déjame que lo vea, seguro que es algo bonito.

Leopold cogió el papel y me mostró un galimatías de notas, muchas de ellas ilegibles por los borrones  de tinta. Al ver aquello no echamos a reír, pero Leopold comenzó a examinar detalladamente el fondo de la cuestión: la música. Durante un largo rato se quedó quieto y sin decir nada, mirando el papel, y finalmente unas lágrimas de alegría y admiración corrieron por sus mejillas.

Mostrándome la hoja, me dijo:

-¡Mirad, Schachtner, qué bien está escrito todo, cada cosa en su sitio! La pena es que es tan dificil que no creo que haya nadie capaz de tocarlo.

-Es que es un concierto, papá -interrumpió el niño-. Tienes que tocarlo para dominarlo mucho.

 

 

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